Darle valor a lo humano
En un mundo donde producir algo perfecto sea cada vez más fácil, quizás lo verdaderamente valioso sea saber quién estuvo detrás.

Muchos años antes de que aparezca Bitcoin, yo ya me imaginaba que algún día íbamos a tener plata digital.
No sabía cómo iba a funcionar, ni se me había ocurrido algo como blockchain. Mucho menos que esa moneda pudiera cotizar. Simplemente sentía que en algún momento iba a pasar.
Y seguramente no fui el único.
Hoy me está pasando algo parecido. Tengo la sensación de que estamos cerca de una nueva forma de darle valor a las cosas. Incluso de una nueva forma de pago. Todavía no sé bien cómo explicarlo, pero voy a intentarlo.
Ayer prendí la televisión para ver las noticias y, por alguna razón, le presté más atención de lo habitual a las publicidades.
Me sorprendió algo que en realidad ya era bastante obvio. El 80% de lo que vi parecía estar hecho con IA.
Los que trabajamos todos los días con inteligencia artificial empezamos a reconocer patrones. Imágenes, movimientos, textos, formas de comunicar. Hay algo que nos hace identificarlo casi inmediatamente.
Y me pasó algo interesante.
Cuando una publicidad está hecha con IA, no le creo al producto.
No porque la IA sea mala, sino porque siento que no me están mostrando algo real.
Y sí, antes tampoco la hamburguesa de una publicidad era exactamente la que te servían en el local. Había trucos, iluminación, retoques y horas de trabajo para conseguir la imagen perfecta.
Pero detrás había personas intentando perfeccionar algo real. Había una intervención humana que, de alguna manera, le daba credibilidad.
Recuerdo una publicidad de hace muchos años de un postre de una marca conocida. El pudín parecía de plástico. Su color era tan poco natural que la gente simplemente no lo creyó.
Hoy está pasando algo parecido, pero a una escala muchísimo mayor.
En la web también lo vemos. Los que trabajamos en esto miramos un diseño y muchas veces sabemos enseguida que está hecho con IA. Y casi sin querer, le sacamos mérito.
Todavía hay clientes que no lo perciben. Algunos incluso lo ven como algo futurista. Pero creo que con el tiempo les va a pasar lo mismo.
Y acá es donde empieza lo que realmente quiero plantear.
Creo que va a llegar un momento en el que la humanidad necesite darle valor a las cosas por el simple hecho de haber sido hechas por un ser humano.
Porque es parte de nuestra naturaleza valorar lo humano.
En poco tiempo, probablemente un robot pueda fabricar, diseñar o reproducir prácticamente cualquier cosa con una precisión extraordinaria.
Pero hay algo que no va a poder reemplazar.
"Este café lo cultiva un chango en una casita en un valle en Colombia. Vive solo con cuatro ovejas".
O esta otra frase:
"Esta obra es de una persona que ya falleció. Es única, irrepetible por otro ser humano".
Aunque una máquina pueda imitar esa obra a la perfección, nunca va a poder reemplazar la historia de quien la hizo.
Y esa historia tiene valor.
Porque detrás de las cosas hay historias que no tienen nada que ver con la industria de servir al otro.
Entonces, ¿a dónde voy con todo esto?
Creo que en algún momento vamos a necesitar una moneda, o alguna nueva forma de medir y reconocer el valor humano de las cosas.
Algo que nos permita decir:
"Esto tiene X valor humano porque el 80% lo hizo una persona y el 20% una máquina".
Pensemos en algo físico y sencillo.
Un volante de un vehículo personalizado, encuerado y cosido completamente a mano.
Una máquina podría hacerlo igual, probablemente más rápido, más barato y hasta con menos imperfecciones.
Pero ¿valdrían lo mismo?
¿Y si pudiéramos medir cuánto trabajo humano hay detrás de cada cosa? ¿Y si ese trabajo tuviera un valor propio, reconocido y hasta intercambiable?
No estoy hablando de eliminar la IA ni de volver atrás. Todo lo contrario. Trabajo con ella todos los días y sé lo que es capaz de hacer.
Estoy pensando en lo que viene después.
En un mundo donde producir algo perfecto sea cada vez más fácil, quizás lo verdaderamente valioso sea saber quién estuvo detrás.
Confío en la humanidad y no creo que sea descabellado empezar a hablar de estas cosas ahora.
El futuro es prometedor y como nunca incierto.
Porque predijimos lo que iba a pasar, lo hicimos realidad igual.
Pero nunca pensamos en darle valor a lo humano.